top of page

Claves para comenzar un proyecto fotográfico

Antes de empezar cualquier proyecto fotográfico es fundamental aclarar una idea básica: un proyecto fotográfico no es una sesión de fotos.


Una sesión de fotos es algo puntual. Puede ser una experiencia fotográfica concreta: salir un día a hacer paisaje, realizar un retrato, probar una localización o experimentar con una técnica determinada. Puede tener coherencia estética o incluso cierta intención, pero suele estar acotada en el tiempo y responde más a un momento concreto que a un proceso.


Un proyecto fotográfico, en cambio, va mucho más allá.


Si prefieres ver el directo, ¡aquí lo tienes!

Proyecto vs sesión: la importancia del tiempo

Una de las claves fundamentales de un proyecto fotográfico es el tiempo. Mientras que una sesión puede resolverse en unas horas o en un solo día, un proyecto requiere duración, continuidad y persistencia.


El tiempo permite:

  • Volver a un mismo lugar o a varios lugares relacionados.

  • Explorar diferentes condiciones de luz, estaciones o atmósferas.

  • Cambiar el punto de vista inicial.

  • Equivocarse, rectificar y afinar la mirada.

  • Dejar que la idea madure.


Un proyecto no se “dispara”, se construye.


Exploración e investigación

Un proyecto implica explorar. Explorar un territorio, un tema, una historia, una idea o una emoción. Esa exploración no es solo física (ir a un sitio), sino también conceptual: preguntarse qué se quiere contar, desde dónde y por qué.

Aquí entra una palabra clave: investigación.

Investigar significa:

  • Mirar referentes.

  • Analizar imágenes propias y ajenas.

  • Probar caminos que quizá no funcionen.

  • Repetir, insistir, volver sobre lo mismo desde otro ángulo.


La reiteración no es un error: es parte del proceso.


El proyecto como proceso abierto

Un proyecto fotográfico no suele estar completamente definido desde el principio. Muchas veces comienza con una intuición, una inquietud o una pregunta abierta. A lo largo del tiempo, el propio trabajo va marcando el camino.

Por eso, un proyecto:

  • Evoluciona.

  • Se transforma.

  • Se depura.

  • Gana coherencia con el paso del tiempo.


No se trata solo de hacer “buenas fotos”, sino de construir un discurso visual consistente.



Sesión de fotos vs Proyecto fotográfico

Puntual vs Sostenido en el tiempo

Impulso vs Pregunta

Hacer fotos vs Construir una idea

Resultado inmediato vs Proceso

La técnica como fin vs La técnica al servicio del concepto

Imágenes independientes vs Imágenes que dialogan entre sí

Se cierra al terminar el día vs Continúa incluso sin disparar

No necesita repetición vs Requiere reiteración

Acción vs Pensamiento + acción



Pasos para empezar un proyecto fotográfico


Iniciar un proyecto fotográfico no consiste en salir a hacer fotos sin más. Un proyecto necesita dirección, criterio y conciencia de las decisiones que se toman desde el principio. A continuación se presentan algunas claves fundamentales para comenzar a construir un proyecto con solidez.


1. Referentes: mirar proyectos, no solo imágenes

El primer paso no es disparar la cámara, sino mirar.

Pero no se trata únicamente de buscar imágenes sueltas que nos gusten, sino de profundizar en artistas, proyectos y fotolibros de referencia. Esto es clave porque un proyecto fotográfico no se entiende a través de una sola imagen, sino a través de un conjunto articulado.


Analizar proyectos de otros autores nos permite:

  • Entender cómo se construye una idea a lo largo del tiempo.

  • Ver cómo se repiten decisiones técnicas, formales y narrativas.

  • Comprender cómo las imágenes dialogan entre sí.

  • Detectar ritmos, pausas, variaciones y coherencias.


Algunos de los fotolibros más famosos de la historia
Algunos de los fotolibros más famosos de la historia

2. Exploración técnica: cómo fotografío y por qué

Un proyecto fotográfico debe incluir, de manera consciente, una exploración de la técnica fotográfica. Esto es fundamental porque somos fotógrafos y nuestra forma de pensar pasa inevitablemente por el lenguaje fotográfico. Aquí la pregunta clave es:¿Qué técnica voy a explorar y por qué esa técnica conecta con mi idea?


La técnica no es un adorno ni algo secundario. Incluso en proyectos que parecen “documentales” o de “registro”, hay una decisión técnica detrás que condiciona cómo se ve y se interpreta la imagen.


Algunas preguntas clave:

  • ¿Enfoque selectivo o gran profundidad de campo?

  • ¿Congelo el movimiento o lo desdibujo?

  • ¿Imagen coiin ruido o sin rudio?

  • ¿Uso gran angular, focal estándar o teleobjetivo?


Naoya Hakateyama
Naoya Hakateyama

3. Exploración de la luz: la materia prima del proyecto

La luz no es solo una condición externa, es un elemento narrativo central. Todo proyecto fotográfico debería preguntarse qué papel juega la luz en la obra. No basta con “que haya buena luz”, sino que debe existir una exploración consciente de la iluminación.


Algunas preguntas clave:

  • ¿En qué momento del día se hacen las fotografías?

  • ¿Predomina la luz dura o la luz suave?

  • ¿Qué temperatura de color tiene la escena?

  • ¿De dónde viene la luz y cómo incide sobre el sujeto?

  • ¿Qué emoción genera la luz: calma, tensión, misterio, crudeza?


Eliot Porter
Eliot Porter

4. Composición: cómo ordeno el mundo dentro del encuadre

La composición no es solo una cuestión estética, sino una forma de pensar visualmente.

En un proyecto debe existir una coherencia compositiva que ayude a reforzar la idea. La manera en la que se organizan los elementos dentro del encuadre determina cómo se lee la imagen.


Algunas preguntas clave:

  • ¿Cómo organizo los elementos dentro del encuadre?

  • ¿Cuál es el centro de interés?

  • ¿Predomina el vacío o la saturación visual?

  • ¿El encuadre es amplio o cerrado?

  • ¿Qué líneas estructuran la imagen (horizonte, diagonales, fugas)?

  • ¿Desde dónde miro: frontal, lateral, elevado, bajo?

  • ¿La composición transmite orden, tensión, calma o desequilibrio?


Rinko Kawauchi
Rinko Kawauchi

5. Narrativa: qué quiero contar (y qué quiero preguntar)

Este es el núcleo del proyecto. Todo proyecto fotográfico debe responder a una intención narrativa: ¿Qué quiero contar? ¿Qué emoción quiero transmitir? ¿Qué pregunta quiero lanzar al espectador?


La narrativa no siempre es una historia lineal. A veces es una sensación, una tensión, una reflexión o incluso una duda. Lo importante es que exista un eje conceptual claro que sostenga todas las decisiones anteriores: técnica, luz y composición. Un buen proyecto no lo explica todo, pero sí orienta la mirada del espectador hacia una idea.


Elina Brotherus
Elina Brotherus

6. El cómo por encima del porqué

El qué es importante, pero no es suficiente. En un proyecto fotográfico, la verdadera clave está en el cómo. Ahí es donde todo se decide. El riesgo aparece cuando nos limitamos a repetir miradas ya conocidas, a movernos por lugares comunes sin cuestionarlos. La diferencia no está en descubrir algo nuevo, sino en mirar de forma distinta aquello que ya existe. No basta con documentar un lugar: es necesario tomar decisiones sobre cómo hacerlo, desde qué punto de vista, con qué intención y con qué lenguaje. Un proyecto sólido no se limita a mostrar un espacio o una realidad; propone una mirada. Y es precisamente ese cómo —consciente, personal y coherente— lo que convierte el proyecto en algo propio, en algo verdaderamente tuyo.


7. ¿Qué propuesta tengo yo como fotógrafo que no puedan tener otras disciplinas?

Pensemos, por ejemplo, en un proyecto sobre el Amazonas.Ese territorio puede ser fotografiado desde muchos lugares distintos:

  • Un biólogo hará imágenes descriptivas, centradas en especies, comportamientos, datos científicos.

  • Un ecologista puede generar imágenes de denuncia, de impacto ambiental, de urgencia.

  • Un guardia forestal documentará el territorio desde una función práctica y de control.

  • Un investigador usará la fotografía como herramienta de registro.


Todas esas imágenes son válidas, necesarias e incluso fundamentales. Pero no son, en esencia, una propuesta fotográfica de autor.


Evita tomar imágenes que podrías encontrar en Google
Evita tomar imágenes que podrías encontrar en Google

Entonces, ¿qué hace diferente a un fotógrafo?


El fotógrafo no solo muestra qué es el Amazonas, sino cómo lo ve.

Ahí está la diferencia. La fotografía de autor no se limita a informar o documentar: interpreta. Cuando vemos el trabajo de Sebastião Salgado, no solo estamos viendo el Amazonas. Estamos viendo el Amazonas según Salgado. Su manera de usar la luz, el blanco y negro, la escala, la relación entre el ser humano y el territorio, la épica del paisaje… Todo eso construye una mirada personal. Por eso esas imágenes no aparecen cuando buscas “Amazonas” en Google. No son fotografías genéricas. Son una posición frente al mundo.


El Amazonas vista por el gran Sebastiao Salgado
El Amazonas vista por el gran Sebastiao Salgado

Un proyecto fotográfico debería aspirar a eso:

  • No competir con el registro científico.

  • No repetir imágenes informativas.

  • No imitar lo que ya está hecho.


Sino preguntarse:

  • ¿Qué mirada estoy proponiendo?

  • ¿Qué decisiones formales hacen que estas imágenes solo puedan ser mías?

  • ¿Qué aporta el lenguaje fotográfico a este tema?


El fotógrafo aporta subjetividad, interpretación, atmósfera, emoción y lectura visual.Aporta una manera concreta de estar frente al mundo y de traducirlo en imágenes.

En definitiva, un proyecto fotográfico no es solo sobre un tema. Es sobre cómo un fotógrafo se relaciona con ese tema. Y ahí es donde el proyecto deja de ser intercambiable y empieza a tener sentido.


8. Tip para empezar cuando estás perdido: copia un proyecto que funcione

Cuando estás muy perdido y no sabes por dónde empezar un proyecto fotográfico, hay un consejo muy sencillo y muy eficaz: Busca un proyecto fotográfico que te guste mucho y cópialo.


Sí, cópialo.


Copiar, en este contexto, no significa plagiar ni repetir imágenes, sino aprender a través de la estructura de un proyecto que ya funciona. Por ejemplo, pensemos en el proyecto Golden Gate de Richard Misrach.Ese proyecto no es solo “fotografiar un puente”. Es una manera concreta de trabajar un elemento icónico desde una mirada sostenida en el tiempo, repitiendo un mismo motivo, explorando la luz, la atmósfera, el clima, el paso de las horas y las variaciones mínimas. Entonces, el ejercicio no sería hacer fotos del Golden Gate.


El ejercicio sería preguntarte:

  • ¿Cuál es la lógica del proyecto?

  • ¿Qué se repite?

  • ¿Qué se explora?

  • ¿Qué decisiones técnicas y formales se mantienen?


Y a partir de ahí, hacer lo mismo pero en otro lugar.


Por ejemplo:

  • Elegir otro puente.

  • Otro elemento arquitectónico.

  • Otro paisaje icónico.

  • Otro lugar cargado de significado.


La clave está en que:

  • El método es el mismo.

  • La estructura del proyecto se mantiene.

  • Pero el lugar, el contexto y la experiencia son distintos.


Eso hace que el proyecto tenga sentido, porque no estás copiando el contenido, estás versionando una idea desde otro territorio.


Este tipo de ejercicio es muy útil porque:

  • Te da una base sólida desde el principio.

  • Te obliga a pensar en serie, no en imágenes sueltas.

  • Te entrena en la coherencia y la repetición.

  • Te ayuda a entender cómo se construye un proyecto real.


Muchos proyectos interesantes nacen así:no desde la originalidad absoluta, sino desde la relectura personal de una estructura existente. Copiar un proyecto es, muchas veces, el primer paso para aprender a construir el tuyo. Con el tiempo, esa copia se transforma en voz propia. Y eso también es parte del proceso creativo.



Análisis de proyectos fotográficos


Golden Gate de Richard Misrach

Golden Gate no es un proyecto sobre un puente, sino sobre volver una y otra vez al mismo lugar. Misrach utiliza el Golden Gate como motivo estable para observar cómo cambian la luz, la atmósfera y el tiempo. La clave del proyecto es la reiteración: mismo lugar, encuadres similares, técnica constante. No busca la imagen perfecta, sino la acumulación de variaciones. El proyecto se construye con el tiempo, no con una sesión puntual. La técnica es sobria y coherente: encuadres abiertos, gran profundidad de campo y ausencia de gestos técnicos llamativos. Esto permite que el cambio ocurra en la realidad (luz, clima, atmósfera) y no en la cámara. La luz es el verdadero sujeto del proyecto. El puente funciona como ancla visual, pero lo que se fotografía realmente es el paso del tiempo y la transformación del paisaje. La narrativa no es lineal ni explicativa. El proyecto no cuenta una historia, propone una experiencia contemplativa basada en la repetición y la observación sostenida. Golden Gate es un ejemplo claro de que, en un proyecto fotográfico, el cómo está por encima del qué: un lugar hiperfotografiado se convierte en una obra personal gracias a una mirada coherente, persistente y consciente en el tiempo.


Golden Gate de Richard Misrach
Golden Gate de Richard Misrach

Abbas Kiarostami

La obra fotográfica de Abbas Kiarostami no trata sobre paisajes ni sobre lo que ocurre fuera del encuadre, sino sobre cómo miramos: el cristal, la lluvia y el desenfoque no son obstáculos, sino el propio lenguaje del proyecto. A través de la reiteración de un mismo gesto —fotografiar desde el interior del coche, con el parabrisas mojado—, el proyecto se construye en el tiempo como una acumulación de variaciones mínimas donde cambian la luz, la intensidad de la lluvia o el movimiento, pero se mantiene la estructura. La técnica es deliberadamente imprecisa y antidescriptiva, renunciando a la nitidez para introducir distancia, duda y subjetividad, mientras que la luz difusa y apagada refuerza una atmósfera de silencio e introspección. La composición tiende a la abstracción y el paisaje se disuelve, dejando claro que no se busca documentar un lugar, sino proponer una experiencia perceptiva. Así, el proyecto no cuenta una historia ni ofrece información, sino que plantea una reflexión visual: no vemos el mundo tal como es, sino tal como lo percibimos, confirmando que en Kiarostami el sentido del proyecto reside plenamente en el cómo y no en el qué.


Abbas Kiarostami
Abbas Kiarostami

Michael Kenna

La obra de Michael Kenna se construye desde la reiteración, la reducción y el tiempo, entendiendo el paisaje no como descripción sino como espacio mental. Sus proyectos se sostienen en volver una y otra vez a los mismos lugares —árboles, puentes, orillas, estructuras mínimas— fotografiados casi siempre en blanco y negro, con largas exposiciones que borran el movimiento y convierten el agua y el cielo en superficies silenciosas. La técnica es constante y consciente: encuadres simples, pocos elementos, grandes espacios vacíos y una luz suave, muchas veces crepuscular o nocturna, que elimina lo anecdótico y refuerza la sensación de calma y suspensión. La composición busca equilibrio, orden y quietud, haciendo que cada imagen dialogue con las demás como parte de un todo coherente. La narrativa no es documental ni espectacular; es contemplativa, casi meditativa, basada en la repetición y la espera. En Kenna, el paisaje deja de ser un lugar concreto para convertirse en una experiencia interior, demostrando que un proyecto fotográfico no trata de mostrar más, sino de decidir qué quitar, y que el sentido de la obra reside plenamente en el cómo: una mirada lenta, silenciosa y profundamente personal sobre el tiempo y el espacio.


Michael Kenna
Michael Kenna

Blast de Naoya Hatakeyama

La obra de Naoya Hatakeyama se articula como una reflexión sobre la relación entre paisaje, tiempo y violencia humana, entendiendo la fotografía como un medio para registrar procesos de transformación más que escenas aisladas. En series como las explosiones de canteras, el proyecto se construye desde la reiteración de un mismo acto —la voladura— capturado en el instante límite donde el territorio se fragmenta y se convierte en materia suspendida. La técnica es precisa y controlada, con tiempos de obturación y encuadres que congelan el estallido y permiten leer cada fragmento de roca, polvo y aire, transformando un acto destructivo en una imagen casi escultórica. La luz suele ser neutra y funcional, reforzando una mirada analítica más que emocional, mientras que la composición tiende a eliminar referencias espaciales claras, haciendo que el paisaje se vuelva abstracto. La narrativa no busca el espectáculo ni la denuncia directa, sino una distancia reflexiva: lo importante no es la explosión en sí, sino lo que revela sobre la intervención humana en el territorio y sobre el tiempo comprimido en un solo instante. En Hatakeyama, el proyecto no documenta un hecho puntual, sino que construye una idea sostenida donde el paisaje aparece como algo mutable, frágil y profundamente condicionado por nuestras acciones, confirmando que el sentido del trabajo reside en el cómo se observa y se estructura el proceso, más que en el qué se muestra.


Blast de Naoya Katakeyama
Blast de Naoya Katakeyama

Elger Esser

La obra de Elger Esser se construye desde una mirada contemplativa, lenta y profundamente pictórica, donde el paisaje no funciona como documento ni como espectáculo, sino como espacio suspendido en el tiempo. Sus proyectos se basan en la reiteración de motivos —ríos, costas, puentes, arquitecturas aisladas— fotografiados desde encuadres estables y distantes, con una clara voluntad de neutralidad y silencio. La técnica es rigurosa y constante, pero uno de los aspectos clave de su trabajo es la investigación consciente del balance de blancos, explorando de manera muy precisa la temperatura y el matiz para generar atmósferas irreales, suaves y deslocalizadas, donde los colores parecen deslavados, envejecidos o ligeramente desplazados hacia tonos fríos, cálidos o verdosos. Esta manipulación cromática no busca realismo, sino sensación, y convierte el paisaje en algo mental, casi arqueológico, más cercano a la memoria que a la experiencia directa. La luz es difusa, sin contrastes dramáticos, reforzando una percepción homogénea y atemporal, mientras que la composición apuesta por el equilibrio, la frontalidad y la calma visual. La narrativa no es explícita ni emocionalmente directa; es reflexiva, histórica y distanciada, invitando al espectador a una contemplación pausada. En Esser, el proyecto no consiste en mostrar un lugar concreto, sino en construir una atmósfera a través del color, el tiempo y la repetición, demostrando que el sentido de su obra reside en el cómo —especialmente en la gestión del color y del balance de blancos— y no en el qué del paisaje representado.


Elger Esser
Elger Esser

Nadav Kander

La obra de Nadav Kander se articula como una reflexión sobre la relación entre el ser humano, el poder y el paisaje, entendiendo el territorio como un escenario cargado de tensión política, histórica y emocional. En proyectos como Yangtze – The Long River, el paisaje no aparece como naturaleza pura, sino como un espacio intervenido, habitado y transformado, donde la presencia humana es pequeña pero decisiva. El proyecto se construye desde la reiteración de una misma lógica visual: encuadres amplios, figuras humanas diminutas, arquitecturas monumentales y atmósferas densas que se repiten a lo largo del tiempo y del territorio. La técnica es precisa y coherente, con una fotografía cuidadosamente controlada que explora el color, la luz difusa y los cielos velados para generar una sensación de distancia, fragilidad y melancolía. La luz rara vez es espectacular; es contenida, apagada, reforzando una narrativa de suspensión y espera. Compositivamente, Kander trabaja el equilibrio entre vacío y presencia, haciendo que el paisaje domine al individuo y subrayando su vulnerabilidad frente a las grandes estructuras económicas, políticas y territoriales. La narrativa no es documental ni descriptiva, sino simbólica y reflexiva: cada imagen funciona como una metáfora visual del progreso, la pérdida y la transformación. En Nadav Kander, el proyecto no consiste en mostrar un río o un lugar concreto, sino en construir una mirada crítica y poética sobre el impacto humano en el territorio, demostrando que el sentido de su obra reside en el cómo —en la atmósfera, la escala y la repetición— más que en el qué representado.


Nadav Kander
Nadav Kander

Elina Brotherus

La obra de Elina Brotherus se construye desde una exploración íntima y conceptual de la identidad, el cuerpo y la experiencia personal, utilizando el paisaje como un espacio mental y emocional más que como un escenario descriptivo. Sus proyectos se basan en la reiteración de un mismo gesto fundamental: la presencia de su propio cuerpo —a menudo de espaldas, aislado, silencioso— enfrentado a entornos naturales o arquitectónicos que refuerzan la sensación de distancia, introspección y espera. El tiempo es clave, no tanto por la duración física del proyecto como por la persistencia de una misma pregunta existencial que reaparece imagen tras imagen. La técnica es sobria y coherente, sin alardes, con encuadres claros, luz natural y una paleta cromática contenida que sitúa la imagen en un terreno de calma y suspensión. La composición establece una relación equilibrada entre figura y espacio, subrayando la vulnerabilidad del cuerpo frente al paisaje y evitando cualquier gesto narrativo explícito. La narrativa no es autobiográfica en sentido literal, sino simbólica: el cuerpo funciona como signo, como presencia que activa el espacio y plantea preguntas sobre soledad, pertenencia, deseo y tiempo. En Brotherus, el proyecto no consiste en contar una historia ni en documentar una experiencia concreta, sino en repetir una forma de estar en el mundo, demostrando que el sentido de su obra reside en el cómo —en la constancia del gesto, la posición del cuerpo y la relación con el entorno— y no en el qué aparentemente representado.


Elina Brotherus
Elina Brotherus

Seascapes de Hiroshi Sugimoto

La serie Seascapes de Hiroshi Sugimoto se construye como una investigación radical sobre el tiempo, la percepción y los orígenes de la mirada, utilizando el mar como un motivo universal y constante. El proyecto se basa en una estructura extremadamente rigurosa: horizonte siempre centrado, ausencia de referencias humanas o geográficas claras y una técnica precisa de largas exposiciones en blanco y negro que elimina lo anecdótico y convierte el paisaje en una imagen casi abstracta. Cada fotografía muestra un mar distinto —océanos de todo el mundo— pero todos parecen el mismo, reforzando la idea de que el proyecto no habla de lugares concretos, sino de una experiencia visual atemporal que podría pertenecer tanto al presente como al inicio de la humanidad. La luz es homogénea, contenida, sin dramatismo, y el mar y el cielo se reducen a dos campos tonales en equilibrio, haciendo que el tiempo quede suspendido y que la imagen se sitúe en un estado de calma absoluta. La reiteración es clave: no hay una imagen definitiva, sino una acumulación que convierte la serie en una meditación visual sobre la permanencia y la repetición. La narrativa no cuenta nada ni describe un paisaje; propone una experiencia casi filosófica, donde mirar se convierte en un acto consciente y lento. En Seascapes, el proyecto no consiste en fotografiar el mar, sino en poner en crisis la idea misma de representación, demostrando que el sentido de la obra reside plenamente en el cómo —en la estructura, la repetición y la neutralidad extrema— y no en el qué aparentemente simple del motivo fotografiado.


Seascapes de Hiroshi Sugimoto
Seascapes de Hiroshi Sugimoto

Franco Fontana

La obra de Franco Fontana se construye desde una investigación radical sobre el color, la abstracción y la reducción del paisaje, entendiendo el territorio no como un espacio que describir, sino como una superficie visual que ordenar. Sus proyectos se basan en la reiteración de un mismo gesto: aislar fragmentos del paisaje mediante encuadres muy cerrados, horizontes elevados o inexistentes y una eliminación consciente de referencias narrativas, hasta convertir campos, colinas o cielos en bandas de color casi pictóricas. El tiempo no aparece como duración ni como cambio atmosférico, sino como instante detenido: Fontana fotografía cuando la luz es limpia y directa para reforzar la pureza cromática. La técnica es precisa y coherente, con un uso intencionado del color saturado que no busca fidelidad realista, sino construcción visual, haciendo que el paisaje funcione como una composición abstracta. La composición es esencial: líneas horizontales, diagonales suaves y equilibrios geométricos que convierten la fotografía en un ejercicio de orden y tensión visual. La narrativa no es descriptiva ni emocional, sino perceptiva: no habla de un lugar concreto, sino de cómo vemos. En Fontana, el proyecto no consiste en mostrar el paisaje, sino en reinventarlo a través del color y la forma, demostrando que el sentido de su obra reside plenamente en el cómo —en la selección, la simplificación y la composición cromática— y no en el qué aparentemente reconocible del territorio fotografiado.


Franco Fontana
Franco Fontana

Rinko Kawauchi

La obra de Rinko Kawauchi se construye desde una mirada poética, íntima y sensorial sobre lo cotidiano, donde el proyecto no busca narrar grandes acontecimientos, sino detenerse en lo pequeño, lo frágil y lo aparentemente insignificante. Sus imágenes funcionan como fragmentos de experiencia: gestos mínimos, instantes de luz, detalles naturales o escenas domésticas que, al repetirse, construyen un universo coherente y profundamente personal. Uno de los rasgos clave de su lenguaje es el uso consciente de la sobreexposición como recurso creativo, que desmaterializa la escena, suaviza los contornos y convierte la luz en un elemento emocional más que descriptivo. La técnica no persigue precisión ni contraste, sino sensación, permitiendo que las imágenes respiren, se diluyan y rocen lo abstracto. La luz suele ser blanda, envolvente, muchas veces frontal o filtrada, generando una atmósfera de delicadeza, silencio y suspensión temporal. Compositivamente, Kawauchi evita el dramatismo y el exceso de información, dejando espacios vacíos y encuadres sencillos que refuerzan la intimidad de la escena. La narrativa no es lineal ni explicativa; es emocional y asociativa, basada en la acumulación de instantes que dialogan entre sí como recuerdos. En Rinko Kawauchi, el proyecto no consiste en mostrar la realidad tal como es, sino en traducir una forma sensible de estar en el mundo, demostrando que el sentido de su obra reside plenamente en el cómo —en la luz, la sobreexposición y la atención a lo mínimo— y no en el qué de las escenas fotografiadas.


Rinko Kawauchi
Rinko Kawauchi

John Pfahl

La obra de John Pfahl se construye desde una reflexión conceptual y lúdica sobre la relación entre naturaleza, intervención humana y percepción, entendiendo el paisaje como un espacio donde pensar visualmente más que como algo que representar de forma neutra. Sus proyectos parten de una acción mínima —líneas, cuerdas, puntos de luz, objetos colocados en el territorio— que altera ligeramente el entorno y activa la imagen como pregunta. El tiempo no aparece como duración atmosférica, sino como instante consciente: el momento exacto en el que la intervención y el paisaje entran en diálogo. La técnica es clara y directa, sin dramatismo ni artificio, reforzando la idea de que lo importante no es el virtuosismo fotográfico, sino la idea visual que se pone en juego. La composición utiliza la geometría, la repetición y la relación entre elementos naturales y artificiales para generar tensión y sentido, haciendo visible algo que normalmente pasa desapercibido. La narrativa no es emocional ni contemplativa, sino intelectual y perceptiva: cada imagen funciona como un pequeño experimento visual que invita al espectador a cuestionar cómo miramos el paisaje y qué ocurre cuando lo intervenimos mínimamente. En Pfahl, el proyecto no busca documentar una acción ni embellecer el entorno, sino pensar con la fotografía, demostrando que el sentido de su obra reside plenamente en el cómo —en la idea, la intervención y la estructura visual— y no en el qué del paisaje fotografiado.


Jhon Pfahl
Jhon Pfahl

Eliot Porter

La obra de Eliot Porter se construye desde una aproximación profundamente observacional y respetuosa hacia la naturaleza, entendiendo el paisaje como un sistema vivo que puede leerse tanto en su conjunto como en sus fragmentos. A lo largo de su trabajo desarrolla dos vías complementarias: por un lado, vistas más amplias de bosques, ríos, valles o estaciones que sitúan al espectador dentro de un entorno natural reconocible; y por otro, una atención exquisita a los detalles, texturas y ritmos mínimos —hojas, musgos, cortezas, agua, frutos— que revelan la complejidad interna del paisaje. El color es un elemento central en su lenguaje, utilizado con gran precisión y naturalidad, no para embellecer, sino para describir y comprender las relaciones entre luz, materia y tiempo. La técnica es clara y contenida, al servicio de una mirada paciente que rehúye el dramatismo y la intervención, permitiendo que la naturaleza se exprese por sí misma. La composición, tanto en planos abiertos como cerrados, busca equilibrio y coherencia visual, haciendo que cada imagen dialogue con las demás dentro del proyecto. La narrativa no es épica ni simbólica, sino ecológica y contemplativa: Porter no impone una idea sobre el paisaje, sino que invita a mirarlo con atención. En su obra, el proyecto no consiste en elegir entre lo general o lo particular, sino en entender que el paisaje se construye desde ambas escalas, demostrando que el sentido de su trabajo reside en el cómo —en la observación, el color y la alternancia entre vista amplia y detalle— y no únicamente en el qué representado.


Primera vía de investigación de Eliot Porter con planos amplios
Primera vía de investigación de Eliot Porter con planos amplios
Segunda vía de investigación de Eliot Porter con planos cerrados
Segunda vía de investigación de Eliot Porter con planos cerrados

Amazônia de Sebastião Salgado

La serie Amazônia de Sebastião Salgado se construye como un proyecto de largo aliento que aborda el territorio amazónico desde una mirada épica, humanista y profundamente comprometida, entendiendo la fotografía como una herramienta de interpretación y conciencia. El proyecto se articula claramente en tres vías complementarias: por un lado, paisajes amplios —muchos de ellos aéreos— que muestran la inmensidad del territorio, los ríos como sistemas vitales y la fuerza casi primigenia de la naturaleza; por otro, un trabajo de reportaje con las comunidades indígenas, donde Salgado documenta formas de vida, rituales y relaciones con el entorno desde una cercanía respetuosa y sostenida en el tiempo; y, finalmente, el retrato, entendido no como tipología etnográfica, sino como encuentro, donde cada rostro afirma dignidad, identidad y presencia. El blanco y negro es una decisión central del cómo: elimina lo anecdótico del color y refuerza la sensación de atemporalidad, unidad y gravedad del proyecto. La luz y el contraste construyen una narrativa visual poderosa, donde el paisaje y el ser humano aparecen en un mismo plano simbólico. La reiteración de motivos —ríos, selva, cuerpos, gestos— convierte la serie en un discurso coherente que va más allá de la imagen individual. Amazônia no compite con el registro científico ni con la fotografía informativa; propone una mirada de autor que combina belleza, denuncia y admiración. En Salgado, el proyecto no trata solo de mostrar qué es la Amazonia, sino de afirmar una posición ética y visual frente al mundo, demostrando que el sentido profundo de la obra reside en el cómo —en la escala, la elección del lenguaje y la construcción en el tiempo— y no únicamente en el qué representado.


Primera línea de investigación en Amazônia de Sebastião Salgado
Primera línea de investigación en Amazônia de Sebastião Salgado
Segunda línea de investigación en Amazônia de Sebastião Salgado
Segunda línea de investigación en Amazônia de Sebastião Salgado
Tercera línea de investigación en Amazônia de Sebastião Salgado
Tercera línea de investigación en Amazônia de Sebastião Salgado

Y por último, ¿quieres que te ayudemos con tu proyecto fotográfico?

Conoce nuestra escuela y aprende con nosotros:




bottom of page